
COSAS QUE PARECEN LLEVARSE
EN LA SANGRE
Queridos Compatriotas:
Hoy mi deber me llama a estar con
el corazón junto a mi incansable pueblo, que calza las
sandalias del peregrino para conquistar su libertad. En
la distancia, debo llevar sosiego al adolorido corazón
de quienes sufren el asesinato de nuestros maestros, de
nuestros campesinos y de quienes han dado nuevamente su
sangre por la dignidad de todos y del porvenir. Debo
lograr nuevas y buenas noticias de solidaridad para
nuestro pueblo en Resistencia, para nuestro Presidente,
para Xiomara y para quienes les acompañan, soportando
encierro, aislamiento y tortura. Debo animar
convicciones y esperanzas, y todo ello tiene que ser
posible.
Los pueblos y gobiernos del mundo
siguen de nuestro lado, y los golpistas, opresores y
asesinos siguen cada vez más aislados. Nuevas voces se
suman a la condena y siguen en estado de alerta cada
acontecimiento en nuestra tierra. Presidentes,
Cancilleres, líderes sociales, científicos, obreros,
campesinos, todos y todas presionan para que se
restituya a nuestro Presidente, para que cese la
violencia y la represión, para que se restablezcan los
medios de comunicación desmantelados por la dictadura,
para que se suspenda el estado de sitio y le devuelvan a
nuestro pueblo la plenitud de sus derechos
constitucionales, y a nuestro Presidente el legítimo
derecho a reunirse y dialogar con quienes le elegimos
democráticamente en las urnas para conducir los destinos
de la Nación.
El aislamiento del régimen es
total, el desprecio por la aberrante opresión es
evidente y la presión internacional es creciente. Y
aunque nunca será suficiente hasta alcanzar la victoria
total, las mafias han quedado al descubierto y los
pueblos del mundo nos acompañan. No libran nuestras
batallas, pero marchan a nuestro lado.
Cada victoria va siendo
contabilizada, y cada día un nuevo manifiesto
internacional advierte a la dictadura y a quienes le dan
vida, que un mundo los vigila, que cada error y cada
infamia no quedará en impunidad y la factura será
puntualmente cobrada. Cada día el respeto por nuestro
Incansable y heroico Pueblo, y por nuestro Presidente,
es mayor.
El saldo de esta batalla no será de
impunidad y olvido como lo fue el asesinato de nuestro
Libertador y Unionista, General Francisco Morazán. Esta
batalla por la libertad y por una nueva sociedad justa y
generosa que a pulso limpio vamos construyendo en la
conciencia de nuestro pueblo, no será de victoria para
los traidores de la Patria, como lo fue aquel cruento
golpe de estado del 3 de octubre de 1963, donde las
cúpulas militares estrenaron su triste vocación de
cobardes, vocación de cobardes incapaces de luchar
contra quienes mancillan a la Patria y oprimen a nuestro
pueblo, vocación de cobardes entrenados para reprimir y
asesinar compatriotas desarmados.
Aquel mismo día del 3 de octubre de
1963, las cúpulas políticas y empresariales estrenaban
su despreciable vocación de traidores, vocación que
heredaron a sus hijos e hijas, que exhiben hoy
desverguenza de sus tristemente célebres progenitores.
El Presidente Villeda Morales, en
extraña orden mandó a desarmar a la Guardia Civil, leal
al gobierno constitucional. Una llamada de emergencia
del Presidente reunió en la Presidencial a funcionarios,
diputados y magistrados. Poco tiempo después el Golpe de
Estado se produjo y el Presidente llamó a la calma y a
la tranquilidad.
Dos años después ese mismo
Presidente aceptó ser Embajador de los militares ante
las Naciones Unidas. Oscar Flores vistió de fatiga para
cubrir con su pluma de cronista la sanguinaria maniobra.
Algunos ministros y embajadores del gobierno de Villeda
Morales, aceptaron ser funcionarios del gobierno
militar, ejemplo que con disciplina siguieron sus hijos
e hijas 46 años después. Hay cosas que parecieran
llevarse en la sangre.
Mi Padre, Modesto Rodas Alvarado,
fue hecho priosionero y amarrado de la lengua a los
pies, lo llevaron a la Fuerza Aérea en donde fue
recluido hasta que el gobierno de Costa Rica aceptó
recibirlo en calidad de "huésped" del Presidente de
aquel país. Cualquier parecido, será solo una
casualidad ?.
Inmediatamente aquel gobierno
espurio fue reconocido por la comunidad internacional
que, en medio de la guerra fria, lo consideró inevitable
y hasta necesario para "detener la invasión comunista
sobre la región".
Hoy que debo gestar nuevas y buenas
noticias para mi Pueblo y para mi Presidente, vienen a
mi recuerdos que me han de servir para recordar la
historia sangrada y victoriosa de Honduras. En brazos,
cuando apenas me habían empezado a salir mis primeros
dientes de leche, fui conducida en calidad de "familiar"
de quien se consideraba un "peligro" para la paz y la
tranquilidad que los militares imponían a sangre y
fuego. Así empecé a conocer la violencia y la
perversidad de los cobardes, vendepatrias y vendemadres.
De inmediato se propuso Don Modesto
a encontrar la forma de regresar y reorganizar
nuevamente el Partido para continuar la lucha y ahondar
las reformas del gobierno liberal (dicho sea de paso,
doctrina lejana al neoliberalismo) , reformas que el
"nuevo orden" establecido, consideraban altamente
subversivas. Logró volver e intentó convencer a las
cúpulas del Partido que no debía legitimarse el golpe de
estado a través de la constituyente que convertiría al
dictador en presidente constitucional. Inútil faena,
la constituyente golpista legalizó a los militares, y
Rodas Alvarado había quedado por enésima vez
hablando solo y aislado.
Cazó las sandalias del peregrino y
comenzó nuevamente a fraguar la lucha. Recorrió cada
rincón de Patria y así la conoció desde sus angustias y
esperanzas. Pero antes de la victoria por 40 años
cultivada, algo se le pasó por alto al destino y,
después de escuchar el último parte de la lucha contra
Somoza, su cansado corazón dejó de latir.
Y dejó de latir mil veces porque,
aún después de muerto, la traición de quienes usaron su
nombre y su retrato para engañar y mentir al mismo
pueblo que lo llevó en brazos hasta su tumba, lo siguió
como perversa sombra. Militares y oportunistas,
banqueros, industriales nacidos de Conadi y dueños de
medios de comunicación instalaron gobiernos y
enarbolaron banderas en su nombre. Asesinaron, apresaron
y desaparecieron a nuestros jóvenes y dirigentes
populares. Nos persiguieron por querer un país digno,
libre, independiente, soberano y sin pobreza. Nos
quitaron la Patria prometida. Perdí compañeras y
compañeros entrañables y dignos de un mejor destino.
Al igual que a mi Padre, les visito en el Panteón pero
no puedo enterrarlos ni desterrarlos de mi corazón.
Aquella nefasta mañana del 28 de
junio, la Pichu me llamó angustiada para anunciarme
desde su improvisado escondite debajo de una cama, la
terrible noticia de que los militares se habían llevado
por la fuerza a nuestro Presidente. Me parecía increible
que una horas antes, le había informado sobre los
detalles de lo que podría ser el golpe de estado. No le
dimos importancia porque no nos cabía en la cabeza
semejante infamia. Sin embargo, la información era
correcta en cada detalle, menos en uno: la hora que se
nos informó que ocurriría era inexacta pues hubo una
diferencia de algunos minutos. Tampoco se nos había
dicho que acudiría un batallón de hombres armados hasta
los dientes, a secuestrar a un solo hombre casi
desprotegido y cuya única arma era un teléfono celular.
Eso si, un Presidente armado de
pueblo, convicción y firmeza hasta la médula.
La voz de la Pichu me sonó a mi
misma; la angustia por el paradero de cada miembro de la
familia del Presidente me recordó la angustia de mi
Madre tratando de reunir a sus hijos e hijas dispersas
sin poder lograrlo hasta semanas después; y el secuestro
violento de mi Presidente me trajo al corazón la voz de
mi Papá cuando nos advirtió a toda la familia, que a la
lucha le faltaban muchos sacrificios y angustias, y
convencido de que no había arado en el mar, ninguno de
sus hijos ni descendientes serían traidores jamás.
Misión cumplida. Hay cosas que parecieran llevarse en
la sangre.
Hoy, 46 años después de aquel golpe
de estado, y a 30 años de su partida, agradezco su
intransigencia de no haber cedido ni un ápice frente a
la dictadura militar, jamás negoció ni nos permitió
contacto alguno, ni con militares, ni con traidores ni
con golpistas. Así que no me quedó más camino que
arreglármelas con revolucionarios, subversivos y
patriotas, y así me salvé de castigos y regaños. Así
también encontré a Mel en mi camino.
También agradezco su ejemplo
austero y la fuerza con que defendió sus convicciones a
lo largo de 40 años de resistencia, hasta morir sin
haber podido ver cristalizado sus sueños de ver caer la
dictadura militar en nuestra Patria y la dictadura
somocista en Nicaragua.
Su corazón apasionado dejó de
latir, pero aún inerte pudo cobijarme del frío, la
incertidumbre, el aislamiento y el temor, durante
las angustiantes horas de sitio militar alrededor de mi
casa que, el 28 de junio y desde la madrugada habían
llegado para no dejarme salir y reunirme con nuestro
Pueblo en la Plaza Libertad. Durante la violenta captura
en la que militares vestidos de fatiga y hombres
encapuchados me sacaron a empeñones de mi casa golpeando
y maltratando a los hermanos Embajadores de Cuba,
Venezuela y Nicaragua que habían acudido en mi auxilio.
Durante las interminables horas en
que fui secuestrada, llevada en calidad de rehén y
custodiada por hombres sin rostro pero bien armados,
aislada e incomunicada, sin saber de la suerte de mi
hijo, de mi familia, de mi Presidente, de la Primera
Dama, de la pichu ni de nadie, pensé entonces en las
casualidades del destino pues, en ese mismo lugar en la
Fuerza Aérea, estuvo preso mi Padre en 1963. Claro que
aquellos tendrían otros nombres, pero mi carcelero se
llama Prince, o Billy Joya, o Alvarez Martínez, o como
sea que sea. No se el nombre de quien mantuvo en
cautiverio a mi Papá.
En la improvisada celda estuvo la
voz combativa de mi Madre alentándonos siempre a no
retroceder, y la voz eterna de Don Modesto, tibia y
serena, recordándome que nunca la noche es más oscura,
que cuando está a punto de salir el sol. Aún la noche es
oscura, pero ya saldrá el sol. Hoy sigue ahí su voz,
exigiéndome paciencia y firmeza que es el alimento que
nutre nuestras convicciones.
Hay dolor y esperanza, y mucho por
hacer donde sea que estemos. Pero hoy debo comenzar la
madrugada rindiendo homenaje a quienes lucharon siempre
sin claudicar, a quienes cayeron desarmados bajo las
balas asesinas de los golpistas del 63. Debo comenzar el
día rindiendo homenaje a mis compatriotas que han sido
asesinados, apresados y expatriados durante esta larga
jornada, y a mi Padre, quien me advirtió este día con la
fe puesta en que siempre mi Pueblo encontrará el camino
que lo conduzca a la Victoria.
Hoy comienzo el día, consciente que
en cada esfuerzo se juega la libertad de mi gente y de
mi Presidente. Se juega el porvenir de mi Patria, que no
tendrá pobres ni desamparados, y no existirá la
desigualdad ni la opresión. Seremos Libres y tendremos
definitivamente Dignidad. Todo será posible, gracias
a mi Incansable Pueblo Caminante, a mi valiente
Presidente con cuya firmeza vamos alimentando esperanza,
y a la fuerza de nuestra convicción en que un mundo
mejor es posible, TODO ES PONERSE A CAMINAR.
Patricia Isabel Rodas Baca
4 d octubre de 2009, 4 am.









